HE VISTO flarios, he visto gramias, he visto atruces, he visto gorriones averiados que llevaban una tirita en su quinta ala, caballos que corrían en el locodromo con una pata de repuesto en la boca, baobabs que estiraban los brazos dentro de una botella de ginebra, mi cerebro ama la curva y la máscara, mi cerebro cumple todos los días quince años y es una gacela, mi cerebro es un galgo que odia a su profesor y a su policía, odio a mi erudito, odio a mi moralista, odio a mi sacerdote que siempre busca víctimas con una linterna, odio a mi hombre buzo que mastica atlas y diccionarios, odio a los aguacates en serie, a los modelos de la belleza repetida, a las penúltimas moscas ahora gimnastas que vuelan con dorsal a la espalda, solo busco amapiedras, solo busco alogrifos, solo lugares hartos de ser lugares a los que Google Maps no haya llegado, solo animales susto que sean indetectables por los radares de Wikipedia pero es en vano, qué ganas de gritar tengo, ganas de gritar balabrof, ganas de gritar cadabul, ganas de gritar basta, basta de lobos de cartón aullando a lunas prematuras y cansadas, basta de números bien peinados cruzando la manoseada autopista de los mercaderes, solo quiero que respetéis la grandeza tierna de la noche mientras me dejáis estornudar despacio, solo quiero que calléis todos por un momento y que ninguna ventana se abra, no quiero guerras ni luces mientras me como esta naranja, callaos todos y respetad por favor a esta naranja mía, sin armadura y sin decibelios, esta naranja.
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Solo la muerte y la rebeldía
JAMÁS PODRÉIS con ella, igual que nada se puede contra la melena de los caballos o la hoja traviesa de los tréboles: no se puede destruir a la rebeldía ni a la muerte, te lo aseguro. Y aunque algunos creáis que murió para siempre, solo duerme: espera una señal como una carta arrojada a un buzón naranja. No sé. Cuando suene su hora, la conoceréis por sus actos. Cambiará los relojes. Hará estallar los huevos que incuba el basilisco. Acabará con el amianto de los usureros. Apagará las estrellas falsas del carcinoma. Y cuando llegue su triunfo, la gente bailará. Sí. Porque es la rebeldía como la danza, que no se entiende hasta que no te toca y no te mueve y no te zarandea.
Los cubos de basura
Madrid es una manada de antílopes que abreva cada día en un río de whisky y yo soy el antílope que no pudo seguir el fuego de la manada.
Soy la que no pudo resistir el jueves mordiendo al viernes, el seis aplastando a los sietes, las rosas escupiendo decibelios a las hortensias.
Soy la que se rindió, la que ya no sentía la ternura del viento, la que se ha parado.
Soy la que despidió al futuro con una sábana blanca y se puso a pintar en los cubos de basura.
Es lo que hago. Dejo mi cerebro en el horno para que se cocinen las palabras y con un rotulador las pinto en los cubos de basura.
En otro tiempo quise ser una escritora grande de libros grandes y librerías grandes, y ahora soy una escritora pequeña que pinta frases pequeñas en los pequeños cubos de basura.
En otro tiempo perseguía el chacal azul de la gloria y ahora solo busco tinta para los cubos de basura.
Soñaba el rojo cenital de los premios y ahora me basta el gris ratonado de los cubos de basura.
Y es que los cubos de basura me recuerdan a mí. Cada vez que abro la tapa y miro las espinas recuerdo los peces que nunca he tenido.
Miro las mondas y recuerdo las naranjas que nunca he logrado.
Miro las botellas vacías y recuerdo la plenitud de la que nunca supe.
Miro los bricks, las bragas, los chalecos, los cuadernos, las linternas rotas, las compresas, las cáscaras, y recuerdo el inmenso cubo de basura que soy, el inacabable cementerio de todas las personas que pude ser y no he sido, el contenedor de sueños de mis padres que no supe cumplir ni he querido.
Porque no valgo. No he valido para roble vasco ni para acacia española, no he valido para cristiana, no he valido para partir el cuello a los ganados ni para levantar los tabiques de un apellido, no he valido para hacer mellizos al dinero.
Soy la persona que no sirve, la que no sabe leer las isobaras, la arruga insistente, la sin código de barras.
Madrid es un enjambre de abejas borrachas que liban en flores de pétalos fruncidos y yo soy la abeja que nunca logró el polen suficiente.
Soy la que cayó al suelo y maldijo a la miel, la que huyó de la colmena, la que blasfemó contra vuestra obligación de fruto.
Soy la que se despidió de los grandes bazares de los números repetidos y se puso a pintar en los cubos de basura.
Es lo que hago. Otros escritores pintan en las zonas centelleantes de la ciudad y yo pinto en los cubos de basura.
Otros se adornan con photoshop y cuatricomía y yo escribo en el blanco y negro de los cubos de basura.
Otros publican sus anuncios en Bodoni o Verdana y yo me basto con la caligrafía imperfecta de mis manos.
Otros se suben a una tarima para proclamar el triunfo de la mercancía y yo tengo que agacharme para pintar en los cubos de basura.
Otros crean belleza que se convierte en basura y yo trato de convertir la basura en belleza.
Otros anuncian protegidos por la policía
y yo soy la ilegal que susurra desde los cubos de basura,
la arlequina de las erratas en los cubos de basura,
la bufona de la mala letra
en los cubos de basura.
Iguanas y metralletas
¡IGUANAS Y METRALLETAS! Recuerdo los años capicúas del trompo y el cerbateno, las oblicuas horas ausentes de pétalos en que buscaba el espacio cóncavo de las explanadas, siempre estaba sola, mi rostro no era mío, nunca comía de vuestra mano, todo estaba recién herido, ningún girasol miraba al cielo buscando un balón de fuego, yo era imperfecta e inacabada como una ruina cartaginesa. De esa orfandad nacieron mis quince máscaras; ya entonces me cansaban los centros y las tenazas; odiaba los triángulos equiláteros y preparaba mi ego definitivo: quería ser la vergüenza de mi madre, la deshonra de la familia y la traición a mi patria: ¡la traición permanente a mi patria de tierra y a mi patria de agua, la traición a mis amigos, el odio a los decentes, el odio a la Gran Ballena! Sobre todo te odio a ti, poesía: no sabes lo que desprecio tu gusto por los pesos y las medidas, tu amor por las frases con melena de piano, la pasión que te profesan las muchachas de labios de jirafa, la forma en que hablan de ti los que hacen colecciones de mariposas; desde pequeña soñaba con poner un cactus con detonador en el medio del idioma; soñaba con colocar un gran gusano verde en la gramática; quería condenar a remar con escobas a los profesores de literatura. ¡Sí, les arrancaré las alas a las palabras bonitas! ¡Lanzaré piedras a los adjetivos definitivos! ¡Pondré botulina en los vasos de los académicos! ¡Y firmaré con nombres largos y confusos para hacer imposible mi memoria! ¡Maricropluhyfrm! ¡Trugldjneosuydpk! ¡Grojhdftsmdlova! ¡Crustawnvvcswuty! ¡Mamarrakliydtfgsfhgryratrsedñdjubc!
El cóndor del nosotros
como un tímpano por un túnel,
como una bala lanzada contra el revólver,
mostrando tus venas salvajes tus tripas salvajes tus dientes,
y nada te falta nada te niebla
te sobra energía te sobran municiones.
Cuesta odiar las banderas que te han tocado.
Odiar a tu madre negar a tu madre borrarla.
Cuesta huir del rojo de los raigones,
fundar a otro hasta no reconocerse.
Cuesta el nadie y el cóndor del nosotros.
El padre arriado, la noche en huesos, el miedo.
Cuesta seguir pero no quieres rendirte.
Escucha, poeta:
tu futuro es demasiado claro para ser cierto;
el que ataca a los dioses
no debe fracasar necesariamente.
El andamio
en caer
de un andamio
si eres
marfileño,
si eres
argelino,
si eres
peruano,
que tienes tiempo
de sobra
para recordar
el azucarillo del café
de las nueve,
la quiniela fallida
por culpa
del Barça
o el último beso
carminado
de aquella chica
que no era
tu mujer.
Se tarda tanto
en caer
de un andamio
si eres
búlgaro,
si eres
marroquí,
si eres
rumano,
que los diarios
publican tu muerte
cuando aún
vas
por el aire,
y tu familia
llora
ante el ataúd
y deja crisantemos
mientras sigues
cayendo,
y pasan los días
y los meses
y los años
y todavía estás
en el aire
preguntando
dónde
habrá un suelo,
cuándo
se acabará todo,
por qué
no se pone fin
a esto
si eres
saharaui,
si eres
esloveno
si eres
boliviano.
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