CUANDO SE borra el rostro hay que aferrarse a la máscara, gritar más fuerte que cuando gritabas en serio, seguir escribiendo poemas como en los tiempos en que sentías los poemas. No traicionar al niño que fuiste es un trabajo que merecería que te apuntaras a una escuela de cine: allí te podrían enseñar también a colocarte el pegamento para que no se te cayera el maquillaje. ¡Qué importa que te hayas rendido ante el espejo, lo importante es no rendirse ante los demás ni siquiera los jueves por la tarde, hacer de radio o megáfono, ser el eufórico de ti mismo, enseñarles tu desprecio hasta que estalle la bombilla que se oculta en las naranjas!
Mostrando entradas con la etiqueta egopoemas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta egopoemas. Mostrar todas las entradas
Los cubos de basura
Madrid es una manada de antílopes que abreva cada día en un río de whisky y yo soy el antílope que no pudo seguir el fuego de la manada.
Soy la que no pudo resistir el jueves mordiendo al viernes, el seis aplastando a los sietes, las rosas escupiendo decibelios a las hortensias.
Soy la que se rindió, la que ya no sentía la ternura del viento, la que se ha parado.
Soy la que despidió al futuro con una sábana blanca y se puso a pintar en los cubos de basura.
Es lo que hago. Dejo mi cerebro en el horno para que se cocinen las palabras y con un rotulador las pinto en los cubos de basura.
En otro tiempo quise ser una escritora grande de libros grandes y librerías grandes, y ahora soy una escritora pequeña que pinta frases pequeñas en los pequeños cubos de basura.
En otro tiempo perseguía el chacal azul de la gloria y ahora solo busco tinta para los cubos de basura.
Soñaba el rojo cenital de los premios y ahora me basta el gris ratonado de los cubos de basura.
Y es que los cubos de basura me recuerdan a mí. Cada vez que abro la tapa y miro las espinas recuerdo los peces que nunca he tenido.
Miro las mondas y recuerdo las naranjas que nunca he logrado.
Miro las botellas vacías y recuerdo la plenitud de la que nunca supe.
Miro los bricks, las bragas, los chalecos, los cuadernos, las linternas rotas, las compresas, las cáscaras, y recuerdo el inmenso cubo de basura que soy, el inacabable cementerio de todas las personas que pude ser y no he sido, el contenedor de sueños de mis padres que no supe cumplir ni he querido.
Porque no valgo. No he valido para roble vasco ni para acacia española, no he valido para cristiana, no he valido para partir el cuello a los ganados ni para levantar los tabiques de un apellido, no he valido para hacer mellizos al dinero.
Soy la persona que no sirve, la que no sabe leer las isobaras, la arruga insistente, la sin código de barras.
Madrid es un enjambre de abejas borrachas que liban en flores de pétalos fruncidos y yo soy la abeja que nunca logró el polen suficiente.
Soy la que cayó al suelo y maldijo a la miel, la que huyó de la colmena, la que blasfemó contra vuestra obligación de fruto.
Soy la que se despidió de los grandes bazares de los números repetidos y se puso a pintar en los cubos de basura.
Es lo que hago. Otros escritores pintan en las zonas centelleantes de la ciudad y yo pinto en los cubos de basura.
Otros se adornan con photoshop y cuatricomía y yo escribo en el blanco y negro de los cubos de basura.
Otros publican sus anuncios en Bodoni o Verdana y yo me basto con la caligrafía imperfecta de mis manos.
Otros se suben a una tarima para proclamar el triunfo de la mercancía y yo tengo que agacharme para pintar en los cubos de basura.
Otros crean belleza que se convierte en basura y yo trato de convertir la basura en belleza.
Otros anuncian protegidos por la policía
y yo soy la ilegal que susurra desde los cubos de basura,
la arlequina de las erratas en los cubos de basura,
la bufona de la mala letra
en los cubos de basura.
Las metamorfosis del gas
LA PALABRA es convertirse: quiero convertirme en un reno, en un cactus, en un piano, en Lady Godiva; me gustaría vivir comiendo nectarinas, allí a lo lejos, en los árboles atónitos del extrarradio, mientras me paso las horas ensayando las posturas de mis actrices favoritas. Que nadie me cace, que nadie me ponga un nombre, que no se me identifique con nada, yo no nací en lugar alguno, nunca estuve en ningún sitio, a nadie conozco, jamás amé nada, yo solo soy una mano y un bolígrafo: mirad cómo se mueve mi mano, mirad los signos que dibuja mi bolígrafo.
Iguanas y metralletas
¡IGUANAS Y METRALLETAS! Recuerdo los años capicúas del trompo y el cerbateno, las oblicuas horas ausentes de pétalos en que buscaba el espacio cóncavo de las explanadas, siempre estaba sola, mi rostro no era mío, nunca comía de vuestra mano, todo estaba recién herido, ningún girasol miraba al cielo buscando un balón de fuego, yo era imperfecta e inacabada como una ruina cartaginesa. De esa orfandad nacieron mis quince máscaras; ya entonces me cansaban los centros y las tenazas; odiaba los triángulos equiláteros y preparaba mi ego definitivo: quería ser la vergüenza de mi madre, la deshonra de la familia y la traición a mi patria: ¡la traición permanente a mi patria de tierra y a mi patria de agua, la traición a mis amigos, el odio a los decentes, el odio a la Gran Ballena! Sobre todo te odio a ti, poesía: no sabes lo que desprecio tu gusto por los pesos y las medidas, tu amor por las frases con melena de piano, la pasión que te profesan las muchachas de labios de jirafa, la forma en que hablan de ti los que hacen colecciones de mariposas; desde pequeña soñaba con poner un cactus con detonador en el medio del idioma; soñaba con colocar un gran gusano verde en la gramática; quería condenar a remar con escobas a los profesores de literatura. ¡Sí, les arrancaré las alas a las palabras bonitas! ¡Lanzaré piedras a los adjetivos definitivos! ¡Pondré botulina en los vasos de los académicos! ¡Y firmaré con nombres largos y confusos para hacer imposible mi memoria! ¡Maricropluhyfrm! ¡Trugldjneosuydpk! ¡Grojhdftsmdlova! ¡Crustawnvvcswuty! ¡Mamarrakliydtfgsfhgryratrsedñdjubc!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)